La historia la escriben los que ganan. La remanida frase indica que los vencedores se adueñan de la bajada de línea. Pero, como dice la canción: "si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera ...". Más allá de batallas y de guerras -donde sí hay vencedores y vencidos-, en tiempos de crisis hay una angustiante necesidad política de imponer el relato, el cuentito para mantener la calma social. La aspiración es que lo que se diga suene más o menos creíble a los oídos de la comunidad. Así, cada gobierno de turno intenta imponer su agenda, y le molesta que la realidad altere sus planes. A veces se recurre a maniobras que lindan con lo insólito, como tratar de suplantar la realidad con una verdad a medias, o con una mentira disfrazada. Los ejemplos huelgan. En el accidente ferroviario de Once, donde murieron 51 personas y hubo más de 700 heridos, se mire por donde se lo mire, fallaron los controles sobre el servicio, que son responsabilidad de poder concedente de turno. Allí el Gobierno armó su relato acusando a TBA. La meta fue desprenderse de inmediato de la culpa y contar una historia conveniente a sus intereses. Más indicativo aún es la insistencia en refregar que en la historia nacional hay un antes (ak) y un después (dK) de la gestión kirchnerista. Eso ya se verá. Vale apuntar que sucede con todos los gobiernos.

En Tucumán también ocurre, siempre se señala que en los 30 años anteriores no se hizo tanto como ahora. Hace unas cuantas semanas, el Poder Ejecutivo llegó a un arreglo con los gremios docentes más afines al poder por un porcentaje que levantó polvareda, ya que según el lado que lo leía, tenía implicancias políticas y sindicales distintas. Básicamente, cada uno trató de imponer su propio relato, acorde a sus conveniencias. Los maestros (ATEP) salieron a gritar que la mejora fue del 34% -teniendo en cuenta el básico-, mientras que el Gobierno se apresuró en desmentir y corregir la cifra: aseguró que se trataba de menos del 24%, si se tenía en cuenta el salario de bolsillo. ¿Por qué al mismo arreglo, desde ambos lados, se lo mostraba distinto? Sencillo, si a nivel nacional se estaba hablando de que las paritarias no podían superar el 25%, la Provincia no podía pactar un 34%. Era como para que el poder central le dé un tirón de orejas al alperovichismo por descarrilar. Para no quedar mal parado frente a la Nación e incomodar al cristinismo se aclaró rápidamente que el convenio salarial fue del 24%. No vaya a ser que mermaran aún más los recursos provenientes por ingenuos y desobedientes. En el otro lado, la acción gremial se entiende: un buen acuerdo debe venderse puertas adentro -a los afiliados- y puertas afuera -para las otras organizaciones, en una suerte de competencia salarial-; es lo normal. Claro que ahora hay sindicatos docentes, no alineados con el alperovichismo, que salieron a la calle a protestar y renegar del pacto: ellos quieren más de un 30%, y de bolsillo.

Otro hecho para mirar como relato fue la discusión con los policías, en medio de un clima más conflictivo y apremiante para el PE. Y hubo arreglo, que también se difundió de acuerdo a intereses orilleros. Los "azules" afirmaron que se trataba de un 40%, hecho que puso "rojos" a los funcionarios. Si les había caído mal que los docentes hablaran de un 34%, el sólo imaginar la repercusión nacional de un arreglo por el 40% les nubló la vista. Había que contar e imponer de otra forma la situación. Y se hizo, también se apuntó que el acuerdo había sido por otro 24%. Increíblemente los policías aceptaron los términos del relato oficial y las explicaciones. Faltan los gremios estatales, que exigen un 34%. En función de lo que viene pasando es probable que arreglen por otro 24%, en versión oficial, aún si intentan imponer otro cuentito porcentual.